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Vivir en otro país es como trasplantar un árbol sin raíces. Es llevar todas nuestras estructuras, experiencias (personales, sociales e históricas), formas de pensar a un nuevo contexto dónde no necesariamente hacen sentido. Es llegar a un lugar donde el resto de los integrantes comparte un hilo conductor enmarcado por "el simple hecho" de haber nacido en el mismo lugar. Cuando digo esto, no estoy hablando solo de grandes cosas, quiero que se imaginen las más pequeñas, como aquella actriz famosa de hace 20 años hoy comentarista en la televisión, o aquella canción que tocaban en los bailes en los 2000 o la novela de la tarde que fue furor (claramente desconocidas para un recién llegado).  

Otro país, es un bosque unido por raíces entrelazadas de memorias colectivas y experiencias. Donde todo lo que brilla no es oro, y las cosas que parecen similares no necesariamente lo son. El significado de una sonrisa, una frase, una mirada, un saludo puede cambiar de un claro para oscuro, y ni hablar del impacto de los falsos amigos idiomáticos. Les dejo una recomendación por aquí, si alguna vez van a Brasil nunca digan que un plato estuvo exquisito porque no va a ser bien recibido. 

En otras palabras, los marcos de referencia cambian, y uno comienza a ser un aprendiz cultural.
¿Qué significa esto? Las respuestas del pasado ya no responden a la nueva cultura y tenemos que redefinir nuestro sistema de creencias para poder integrarnos en esa sociedad. Después de 35 años de “argentino” ¡todo un desafío! Por eso hoy voy a contar mi historia con el samba. 

Una cosa que me llamo la atención en mis viajes a Brasil (por trabajo o de vacaciones) fue encontrar una gran cantidad de lugares con música en vivo en las esquinas, en los bares, en restaurantes, en cualquier ciudad. Siempre me gusto sentarme a ver esos “shows” como si fuesen un espectáculo, donde el artista tocaba y las personas bailaban al compás de la música, con la alegría “característica de los brasileños”. Cuando comencé a vivir aquí seguí frecuentando esos espacios con esa misma mirada hasta que un día alguien me invitó a dar un paso más y comencé a estudiar un instrumento para tocar en (ahora aprendí el nombre) en un “bloco de samba”, ser parte de la experiencia musical.  

¿Qué era el samba para mí hasta ese entonces?


Un estilo musical típico que se tocaba en Brasil. (Nota para el lector: nunca había tocado ningún instrumento en mi vida, y no sabía ninguna música de samba). Esta definición se comenzó a transformar desde que llegué el primer día como un gringo culturalmente aprendiz y comencé a atravesar esta experiencia. Lo que fue increíblemente revelador es que mientras mi concepción cambiaba, la forma en que me relacionaba con las personas y ellas conmigo también.  

Aprendí que el samba no es música en un bar, sino que es cultura. Abracé mi ignorancia (cuando llegue lo primero que dije fue soy argentino, no sé nada de samba, ¿cuál es el instrumento más fácil?), estudie, comencé a ir a las clases todas las semanas, empecé a preguntar, escuchar y entender que atrás de esos acordes, de esos instrumentos, tenía un hilo que unía a las personas. 

El samba es un fogón en el medio del bosque que tiene su raíz en lo más profundo de la cultura brasileña, que trasciende el tiempo y el espacio actual. Cuando suena un samba las personas se acercan al fogón y dejan atrás la semana, las preocupaciones, el día a día y pasan a ser parte de la rueda. Una rueda, es un abrazo que une amistades, que une familias, que une historias y que vincula con esa raíz que le da vida, en cada acorde, al fuego que se emana desde el centro de donde sale la música. Es un lugar donde no existen clases sociales, razas, orígenes, existe solo la música que nos une, nos alegra y nos limpia. Es energía, es unión, es pertenencia y es identidad.  Como mencioné anteriormente, a medida que fui entendiendo y siendo parte de esta experiencia mi visión del mundo cambió y como las personas me veían también, hasta más de una persona celebra que un gringo esté cantando sambas “que ni muchos brasileños saben”.  

¿Qué aprendí?

La mejor forma de apropiar una nueva cultura es atravesarse por nuevas experiencias, aunque sean incómodas y pongan en jaque lo que creemos. No tomar por válido lo que creemos, porque nuestra experiencia en otros lugares puede no hacer sentido. La mochila es nuestra no de dónde nos encontramos. Escuchar, preguntar, siempre con oídos frescos y con genuino interés. Las personas empatizan con personas con voluntad de aprender (y que se esfuerzan para eso)Una persona, un gesto, puede ser el puente para resignificar toda nuestra realidad. Muchas veces para derribar un muro se necesita solo de una persona que nos dé la mano y nos muestre el camino.Cuando nosotros cambiamos, la forma en la que nos ve el mundo cambia. 

¿Qué tiene que ver esto con las empresas? 

Cuando atravesamos procesos de transformación o apropiación cultural, es importante tener en consideración que las personas que van a ser parte de la nueva cultura cuentan con sus raíces en otro lado y precisamos generar puentes que permitan atravesar ese camino entre la cultura actual y la deseada. 

Para lograr esto, crear experiencias que permitan internalizar los nuevos comportamientos es un factor indispensable para poder trabajar en las creencias que determinen las nuevas formas de comportamiento. 

Como líderes y referentes somos los primeros que tenemos que abrazar nuestro aprendiz cultural y trabajar en los nuevos comportamientos para que el resto se refleje en nuestro cambio (y nuestro esfuerzo por apropiar). Cuando nosotros cambiamos cambia el mundo. 

Entre pares siempre es más fácil. Una mano amiga que nos ayuda a dar el primer paso, a vernos en el espejo, a tomar coraje puede ser un factor crítico a la hora de desarrollar nuevos comportamientos. Compartir el camino ayuda a mejorarnos día a día y superar la tentación de volver para atrás. Tenemos que aceptar y dar esa mano transformadora.
 

¿Qué es el samba para mí ahora?

Es un portal. Un lugar de encuentro conmigo y con amigos, un lugar donde dejo las ropas de la semana, donde las preocupaciones se van y es comienzo fluir al ritmo de un tantam, un tamboril, un pandero, y mi querido surdo…. Donde por ese tiempo, soy uno más en esa rueda donde todos estamos unidos por la música y por el baile. Esta experiencia creó mi primera raíz en un nuevo país, en otras palabras, hoy el samba también es un poco de mi historia.

Por Guido Olomudzski, Chief Customer Office - OLIVIA Brasil

 

 

 

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