El otro día, un amigo me compartió un juego que hacía en las cenas: cada vez que abrían una galleta de la fortuna, leían el mensaje y le agregaban al final la frase “en la cama”.
El otro día, un amigo me compartió un juego que hacía en las cenas: cada vez que abrían una galleta de la fortuna, leían el mensaje y le agregaban al final la frase “en la cama”.
El resultado era automático: provocador, gracioso, inesperado.
"Serás feliz durante el resto de tu vida", en la cama.
"Uno de tus sueños se hará realidad", en la cama.
"Te aguarda una larga y feliz vida", en la cama.
“Puedes liderar una transformación…” “…con datos.”
“Puedes construir una cultura de innovación…” “…con datos.”
“Puedes desarrollar líderes más humanos…” “…con datos.”
Vivimos en un mundo donde muchas empresas tienen los mejores sistemas, plataformas y dashboards. Se compraron el Ferrari.
Pero eso no garantiza que las cosas cambien de verdad. Puedes tener el mejor CRM del mundo, pero si tu cultura castiga el error, nadie va a cargar un dato real por miedo a equivocarse. Puedes tener Slack o Teams, pero si no hay confianza, la gente va a seguir mandando mails para “cubrirse”.
Los procesos se optimizan, sí; pero la cultura —cómo las personas piensan, colaboran y deciden— muchas veces se queda atrás. Esto genera un efecto silencioso pero letal: la cultura deja de ser un “ADN vivo” y se convierte en un freno de mano invisible.
Este es el dilema: invertimos millones en transformación digital, pero monedas en entender el sistema operativo humano que la tiene que usar.
Y con esto caemos en la trampa: "tenemos que crear una cultura de datos". Error. Los datos no son una cultura a instaurar. El desafío no es crear una cultura de datos, sino ponerle datos a la cultura que ya tienes.
Y aquí quiero ser muy claro. Cuando digo “con datos”, no me refiero a la típica encuesta de clima anual que termina en un cajón de RRHH. Eso es una autopsia, no un diagnóstico vivo.
Agregar “con datos” es cambiar la resolución con la que vemos la empresa. Si hoy decidimos de forma pixelada, saber gestionar los datos nos permite decidir en Alta Definición.
Incorporando los datos dentro de tu ADN, dejas de imaginar posibilidades: empiezas a diseñarlas.
Si abres una galleta de la fortuna hoy, quizás diga: “La organización que deseas es posible… con datos.”
No son solo los datos, son las decisiones las que transforman
Si estás en un momento de cambio, reorganización o transformación digital, te invito a salir del pensamiento mágico. Los datos solos no mejoran nada.
Cierra los ojos un segundo. Imagina la empresa que quieres crear. Ahora, añádele al final de ese sueño la frase: “… con datos.”
"Soñar la cultura que quieres es el primer paso. Medirla es el segundo. Potenciar el uso de los datos es lo que te asegura que ese sueño no se quede en una galleta de la fortuna."
Por Guido Olomudzski, Director de Transformación Organizacional y Gestión del Cambio en Olivia.