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Actuar dentro de los límites impuestos por la naturaleza permite internalizar el impacto en la cuenta de resultados al mismo tiempo que se rinde cuentas a la sociedad, generando un universo de oportunidades para los mercados del futuro. Se trata de la nueva filosofía corporativa: ser una mejor empresa para el mundo.

Aunque no se mencione explícitamente, una gran mayoría de las compañías que lideran el planeta ya están embarcadas en el camino net positive. Uno de los grandes grupos que navegan en estas aguas lo conforman las llamadas Empresas B: una comunidad global de corporaciones que ponen su propósito empresarial, social y ambiental en el centro de su modelo de negocio, certificando su compromiso de mejorar continuamente. Su meta declarada es, precisamente, «ser las mejores empresas para el mundo y no del mundo».

Las empresas demuestran que el camino hacia el net positive puede iniciarse desde distintos puntos de partida, no dependiendo del tamaño, del sector, ni de ninguna condición externa del mercado. Iniciar la ruta hacia un futuro net positive es una decisión que nos impone nuestra ambición en cuanto líderes de las compañías, las cuales guiamos para seguir estando vigentes en nuestros ecosistemas, nuestras comunidades y nuestro mundo. 

El viaje no pasa por imponer el objetivo del bienestar común, sino por allanarlo. Como decíamos, el mercado y nuestros stakeholders –es decir, consumidores, empleados y proveedores– ya nos están exigiendo en la actualidad esta nueva aproximación. Como líderes, estamos llamados a generar las condiciones para que los esfuerzos de todas las partes puedan encontrarse en ese futuro común. Tenemos que trabajar para que esta mentalidad pueda transmitirse a todos los niveles de la organización y convertirnos en «evangelizadores» de esta tendencia hacia el resto de nuestro ecosistema.

El ‘net positive’, que surge desde la construcción de una ambición, requiere de coraje

Para lograrlo debemos liderar con propósito. Este, no obstante, no debe tratar de ser todo para todos; en realidad, debe centrarse en la contribución distintiva que la empresa hace a la sociedad y al mundo. El propósito, por tanto, tiene que cobrar vida y ser aplicado a través de la estrategia empresarial, que establece la forma en que la empresa cumplirá el propósito a través de una estrategia comercial y de sostenibilidad integrada. Este proceso, que parte desde la construcción de una ambición, requiere de coraje; se necesita mirar por encima del propio espacio de acción para encontrar colaboraciones con aliados capaces de hacernos llegar más lejos.

El alcance del trabajo que se deriva del net positive abarca tres niveles de impacto. En primer lugar, debemos considerar que los cambios sistémicos solo pueden producirse en colaboración con grupos y colectivos ajenos al control de la empresa: miembros de las comunidades en las que opera la empresa, onegés, gobiernos, consumidores y proveedores. En segundo lugar, es necesario considerar el trabajo desde la cultura, que es lo que sostendrá el net positive dentro de nuestra empresa. Por último, cabe resaltar lo esencial de poder contar con aliados; es decir, con una red de confianza que nos permita extender y amplificar nuestro impacto en los retos que intentamos resolver como humanidad.

Actuar dentro de los límites que impone la naturaleza permite internalizar el impacto en la cuenta de resultados al mismo tiempo que rinde cuentas tanto a sus accionistas como a sus colaboradores, generando un universo de oportunidades para los mercados del futuro que demandan los consumidores. Net positive representa, de este modo, una guía sostenible a largo plazo; al fin y al cabo, son organizaciones que se responsabilizan del impacto de sus acciones, algo que no es posible hacer si no intentamos poner el foco en todas sus perspectivas al mismo tiempo. Nuestro objetivo está en trabajar para que los resultados de cada una de sus vertientes sean positivos en el largo plazo. Ello requiere «ser net positive», invitándonos a pensar en una nueva forma de creación de valor empresarial en el que el propósito se sitúa en el núcleo del negocio.

El factor clave que puede habilitar esta forma de pensar y de actuar en la empresa moderna es el liderazgo: el profundo cambio que propone este concepto requiere de líderes que desafíen la inercia del statu quo. Necesitamos empresas que se alcen como agentes de cambio, compañías que fuercen la disrupción y logren convertirse en líderes de confianza que ayuden a resolver los problemas que importan. El futuro de la humanidad y el planeta dependen de ello.


Por Juan Parodi, Socio y Director Global de Sostenibilidad e Impacto de OLIVIA.

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