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El futuro no se estudia: por qué “aprender a aprender” es la habilidad definitiva

Escrito por Ezequiel Kieczkier | May 7, 2026 12:04:43 PM

Todo empezó con una hija que le preguntó a su padre qué debía estudiar.

El padre era economista —de esos que antes te decían con precisión quirúrgica qué profesiones iba a demandar el mercado en cinco años— y esta vez no tuvo respuesta. Esa escena, de la que hablamos en el episodio El futuro no se estudia (se aprende), de Olivia Play, resume mejor que cualquier paper académico el momento que estamos viviendo: el fin de las certezas en el mercado laboral.

El impacto de la Inteligencia Artificial en el empleo

Durante décadas, la lógica era simple: identificar las profesiones del futuro, estudiar cuatro o cinco años y salir al mercado. El World Economic Forum publicaba sus rankings de tendencias, y una ola de gente se volcaba a estudiar las carreras que suponía que el mercado laboral iba a demandar.

Hoy esa lógica se rompió. El nivel de incertidumbre sobre cómo va a ser el mundo en los próximos años hace que elegir una carrera de grado pensando exclusivamente en la demanda laboral sea, en el mejor de los casos, una apuesta arriesgada.

La ironía la trajo Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre: después de que miles de jóvenes apostaron por la programación como la profesión del futuro, los agentes de Inteligencia Artificial (IA) empezaron a hacer en segundos lo que antes requería equipos enteros de desarrolladores. El consejo del economista terminó siendo: aprendé un oficio. El plomero siempre va a tener trabajo.

Formación continua: el desafío de los profesionales actuales

El desafío del aprendizaje permanente no es exclusivo de los jóvenes de 17 años. Es, quizás con más urgencia, un problema de los profesionales que ya están dentro del sistema y sienten que la brecha entre las habilidades que tienen y las que el mercado necesita (skills gap) se agranda cada año.

En este contexto, seguir pensando que la respuesta está solo en las universidades es un error. No porque el conocimiento académico no valga, sino porque los métodos tradicionales fueron diseñados para otra velocidad de cambio. Como señalaba Elon Musk, la educación sigue modelada sobre la lógica de la revolución industrial: procesos estandarizados para personas que somos, intrínsecamente, distintas.

Aprendizaje ordinario vs. extraordinario: ¿Cuál necesitás?

Nuestro socio Yoel Kluk introdujo hace un tiempo una distinción que me parece clave: hay un aprendizaje que sirve para optimizar lo que ya hacés —perfeccionar, mejorar, hacer más eficiente— y hay otro tipo de aprendizaje que te abre un mundo nuevo sobre el cual podés montar conocimientos que antes ni imaginabas. El primero es valioso. El segundo es transformador.

El problema es que casi toda la oferta educativa formal apunta al primero. Y el pensamiento crítico, la capacidad de conectar ideas de dominios distintos, la plasticidad para reorganizar cómo entendés el mundo, no vienen de un curso. Viene de cultivar el hábito de exponerse a estímulos que no tienen un objetivo concreto e inmediato: una conversación con alguien que piensa distinto, una muestra de arte, un libro fuera de tu área, una pregunta que no tiene respuesta fácil.

Tengo una costumbre que fui desarrollando con los años: una o dos veces por año me siento con personas que considero pensadoras interesantes. No siempre me enseñan algo concreto. Pero casi siempre me hacen tres o cuatro preguntas que me generan lo que yo llamo una epifanía: una ficha que cae, una perspectiva nueva que me lleva a nuevas dudas, y esas dudas a territorios que rompen mis propias cegueras cognitivas. Eso vale más que muchos cursos.

Curiosidad: la habilidad que el sistema educativo debe recuperar

Hay algo que los niños hacen de manera natural y que el sistema educativo actual desincentiva: preguntar por qué. La curiosidad es el músculo más valioso para moverse en un entorno de cambio permanente. Pero la educación tradicional premia memorizar respuestas, no formular mejores preguntas.

La educación del futuro debería girar sobre ese eje: no enseñar el qué, sino el cómo. Cómo aprendés, cómo cuestionás y cómo conectás variables que parecen no tener relación.

3 preguntas para auditar tu propia formación profesional

1. ¿Estás aprendiendo “qué” o aprendiendo “cómo”? La diferencia entre acumular información y desarrollar la capacidad de pensar diferente es enorme.

2. ¿Tenés conversaciones que te incomoden? Buscá gente que piense distinto a vos y que te haga preguntas para las que no tenés una respuesta armada.

3. ¿Estás midiendo tu brecha de habilidades? Entender exactamente dónde estás parado es el primer paso para saber hacia dónde moverte.

El aprendizaje continuo no es un eslogan motivacional; es la única respuesta sensata ante un mundo que cambia más rápido que cualquier plan de estudios. La carrera que más futuro tiene empieza a los 21 y termina a los 71. Y el primer año se cursa aprendiendo a cuestionar todo lo que creías saber.

Mirá el episodio completo El futuro no se estudia (se aprende) en Olivia Play.

Por Ezequiel Kieczkier, socio fundador y CEO de Olivia.

 

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