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¿Te preguntaste alguna vez qué es primero, el huevo o la gallina? Nadie se salva de esta confusión. Esa frase tan conocida es una de las paradojas que aparecen en las organizaciones cuando dan sus primeros pasos en temas de innovación. “Generemos un sistema para capturar ideas de las personas”, es una de las frases que nos tocó escuchar en nuestro paso por el mundo corporativo, pero también en otros ámbitos profesionales. Hoy, trabajando en consultoría, el mensaje nos llega con mayor intensidad y frecuencia. Por ejemplo, cuando nos contactan para acompañarlos a diseñar y desarrollar un Idea Journey. Recordemos: el “idea journey” permite mapear el recorrido que realiza una idea desde su surgimiento hasta convertirse en una solución para ser implementada. Vayamos paso a paso. ¿qué sucede antes?

 Paso 1: el problema

Las ideas no nacen porque si, sino que existe un entramado por detrás que las sostiene, que les da un sentido y una razón de ser. A eso, en innovación, lo llamamos “problema” (o necesidad). Y no hablamos de problema sólo bajo el concepto de punto de dolor, sino también de aquellos factores que visibilizamos como oportunidad, como una cuestión que existe y requiere ser resuelta, porque nadie lo ha hecho aún. En resumidas cuentas: siempre que exista una idea, antes, existió un problema.

 Paso 2: el desafío

Luego de ese primer hito, y aún previo a la idea, en un proceso de innovación, hay otro momento clave al que llamamos “desafío”. El desafío, o en ocasiones también conocido como “reto”, es el encuadre que le damos al problema. Un problema suele ser algo muy abarcativo, (por ejemplo, el hambre en el mundo), mientras que el desafío nos permite identificar dónde pueden existir oportunidades de resolución, dándole al problema raíz un marco más acotado, como, por ejemplo, mejorar la nutrición en edades infanto-escolares. Una necesidad puede devenir en una serie de desafíos, que incluso podrán combinarse para obtener aquel, sobre el cual idear.

 Los retos pueden enunciarse en términos de “How Could We…” (¿cómo podríamos nosotros…?).

Esto sirve para establecer de una manera desafiante lo que buscamos resolver, alineando a todas las personas en la misma dirección y en posición de protagonistas. Es importante que esta enunciación no sea demasiado concreta como para inducir la respuesta, ni demasiado abstracta como para no tener claridad sobre lo que buscamos abordar. Para estar seguros de que ese reto enunciado es claro para todas las personas involucradas en el proceso de innovación, podemos hacernos la siguiente serie de preguntas:

 ¿Cuál es el problema que busca resolver?

  • ¿De qué necesidad o premisa parte?
  • ¿Para qué queremos resolver esto y qué pasa si no nos ocupamos?
  • ¿Tiene más de un desafío asociado?
  • ¿A quién va dirigido o a qué personas impacta? ¿Incluye al público destinatario?

 Una vez que seamos capaces de responder a estas preguntas, cotejando que el desafío es la respuesta a las mismas, estaremos en condiciones de asegurar que tenemos un reto de innovación y listos para pasar al campo de las ideas.

 Paso 3: las ideas

Cuando hablamos de una idea, nos referimos al concepto naciente de una persona o grupo de personas, que se postula con el objetivo de dar respuesta a un desafío o reto previamente enunciado. Aquí, en lugar de acotar, deberemos divergir (ampliar y diversificar) lo suficiente para tener la mayor cantidad de ideas posible, ya que buscaremos cantidad sobre calidad. Es importante no apresurarse: ya llegará el momento de converger, y convertir una idea, o la combinación de varias de ellas, en una idea solución. Es decir, alcanzaremos una solución cuando la evolución de la definición de la idea tenga: un plan de diseño para su desarrollo en un marco realizable; cuando podamos expresarla como un beneficio que más tarde se traducirá en productos y/o servicios.

A esta altura, habrás percibido que del problema a la solución, hay un trayecto que requiere ser transitado para ser asertivos sin hacer esfuerzos aislados por generar ideas que luego no están enmarcadas en la estrategia organizacional. Una buena identificación del problema dispara un correcto enmarque del desafío, siendo nuestro proceso de innovación, mucho más eficiente, impactante y centrado en mejorar la vida a las personas.

 Para facilitar este recorrido, compartimos contigo una herramienta que te permitirá obtener más claridad en estos conceptos y asegurar la correcta implementación de este proceso. ¡Compártela y corre la voz para ayudar a otros a resolver esta paradoja!  https://www.olivia-global.com/lp-herramienta-para-innovacion

 Por Paula Benardoni Especialista en Innovación de OLIVIA y Mariana Socorros Directora de Innovación y People Centricity de OLIVIA

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