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El liderazgo conectivo es una habilidad que ayuda a gestionar lo más difícil de la cultura de innovación: la transparencia y la confianza. Las claves para aprovecharlo. 

La innovación nos desafía a pensar lo que hacemos y cómo lo hacemos desde un lugar distinto. Llevarlo a la práctica requiere de esa mezcla de audacia y disponibilidad al error que tantas veces hace fracasar nuestros intentos de salirnos de la zona de confort. El liderazgo conectivo es un concepto que trabaja en ese espacio: genera el ambiente para que las personas embarcadas en un proceso de innovación se sientan seguras para animarse a desafiarse a si mismas.

A diferencia de los liderazgos enfocados en liderar “de arriba hacia abajo”, el liderazgo conectivo se basa en la capacidad del líder para establecer y gestionar relaciones sólidas con las personas con las que se vincula y conecta en toda la organización, independientemente de su responsabilidad, más allá de sus propios equipos y del rol que ocupe cada uno en la organización.

Un lugar seguro 

La piedra basal de este tipo de liderazgo es la confianza. La autoconfianza para involucrarse a fondo y, particularmente, sin el temor al fracaso, y la confianza que se establece con otros, aún cuando esas personas no sean de su ámbito de conocimiento o no tengan la experiencia necesaria, poniendo en valor la multiplicidad de miradas y al error como un habilitador y herramienta más importantes para el aprendizaje. 

Sin embargo, el liderazgo conectivo no sólo habilita la existencia del error dentro de las tareas del equipo sino que lo nivela: El aprendizaje es un proceso ante el cual todos -líderes y liderados- somos iguales. Desde el becario hasta el CEO, cualquiera tiene el derecho a equivocarse y debe saber gestionarlo. 

Como colaboradores, el liderazgo conectivo nos genera la tranquilidad para probar, indagar, desafiar. Como líderes, nos saca del pedestal que marca el liderazgo clásico: al hacer transparente que un líder por su cargo no puede tener las respuestas siempre, nos saca presión y permite posicionarnos en un lugar desde el cual facilitar y acompañar. Es por esto que en este tipo de liderazgo debe primar la “generosidad para enseñar y humildad para aprender”. Es que, en el ambiente que genera el liderazgo conectivo tampoco importa el conocimiento o nivel de especialización/tecnicidad de la persona que lidera. Liberado del estigma del “sabelotodo”, el líder conectivo podrá concentrarse en nutrir, sostener y cuidar los vínculos con las personas que nos potencia como grupo y equipo en el camino hacia lo nuevo y desconocido. Para subrayar su opuesto sirven los resultados de una investigación de la empresa de capital de riesgo Northwestern Venture Partners sobre los miedos de los CEOs: el 90% de los CEOs consultados admitió allí que el miedo al fracaso es lo que les frena a la hora de probar o testear nuevas líneas de acción. Con un distante 49%, el segundo miedo más importante es no lograr hacer crecer el negocio. 

Sonia Abadi, la médica e investigadora argentina, define al liderazgo conectivo como la posibilidad para activar la inteligencia conectiva que nos permite como humanos pensarnos y proyectarnos en red. El liderazgo conectivo permite conectarnos como personas y, en consecuencia, conectar las ideas y el conocimiento de unos con otros en pos de alcanzar resultados, pero siempre desde hacer visible el valor que este resultado puede generar para el grupo. El liderazgo conectivo es entonces un liderazgo que focaliza en los resultados colectivos por sobre los individuales. Lo hace desde la pasión por la oportunidad y no desde el miedo o el temor a fallar. El liderazgo conectivo propicia entonces la innovación porque fomenta el trabajo y el pensamiento en red entre las personas, pero siempre sobre la base de la confianza y la transparencia, sabiendo que aquello que no se aporta desde lo individual por temor, es valor que se pierde para todo el equipo.

 

Aceptar el aprendizaje mutuo

Las características de este tipo de liderazgo son: la colaboración, la cooperación, la transparencia y confianza o seguridad psicológica; la humildad y la generosidad. La más importante es quizás la aceptación de que el aprendizaje es mutuo y para todos por igual. En un ambiente marcado por un liderazgo conectivo nadie es dueño de la razón, y tanto líderes como equipo sienten la seguridad para mostrarse vulnerables. Es esa vulnerabilidad conjunta la que genera, en última instancia, la empatía, la cercanía y la conexión que cimentarán la confianza para afrontar los pasos en falso y los logros juntos.

El liderazgo conectivo permite entonces gestionar esa hoja de ruta que marca la incertidumbre y lo nuevo que representa todo proceso de innovación y transformación.

El liderazgo conectivo genera la base para que los equipos que lideramos aprovechen los momentos de incertidumbre cuando otros se encierran en la defensiva. Es el liderazgo conectivo el que permitirá aprovechar esa dinámica que el autor Hemann Hesse supo definir tan bien: “En cada comienzo hay un hechizo que nos protege y nos ayuda a (sobre)vivir”.

 

Por Mariana Socorrós, Directora de Innovación y People Centricity de OLIVIA

 

 

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