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El presente y futuro de la sostenibilidad nos desafía como personas y también a nuestras organizaciones: no por su dinámica sino por su dimensión. Las organizaciones que hoy están transitando ese camino nos enseñan la lección central: lograrlo, exige que ningún eslabón de la cadena quede fuera del sistema. 

En España, varios son los pueblos que deben ser abastecidos con barcos cisterna para tener agua potable. Mientras, las más de 200.000 hectáreas quemadas convierten al país en el más dañado de Europa por los incendios forestales. En Alemania, el Rin bate su récord de mínimos, con apenas 1m en sus puntos más bajos y amenaza el transporte de mercancías en el centro de Europa. En los EE.UU., lluvias torrenciales inundan el Valle de la Muerte, en el Estado de California. El agua que inundó uno de los puntos más secos del planeta, exigió evacuaciones y cerrar el Parque Nacional que integra. En América Latina y el Caribe, la temperaturas consolidan un aumento de 0,2ºC por década en los últimos 30 años, según el informe de la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés). Uno de sus resultados es la pérdida diaria de decenas de metros cúbicos de hielo en el glaciar San Rafael y Los Exploradores, en Chile. Otro, el récord de sargazo, la marea de algas que con 60.000 toneladas este año está destruyendo el ecosistema caribeño.

Todos estos datos fueron recopilados en las primeras semanas de agosto. Nos recuerdan que el planeta nos pone en aviso de que el cambio climático es una realidad. Pero, más allá de lo obvio, el mensaje que nos deja es que la batalla para tratar de contenerlo no es un desafío reservado para unos y no para otros. Si algo nos prueba este volátil 2022 a mitad de su recorrido es que el camino no puede pasar por acciones aisladas. La batalla por la sostenibilidad, como nunca antes, requiere de una mirada sistémica y nos involucra a todos. Para evitarlo, desde Olivia, planteamos que las organizaciones son quienes están en el punto eco distante que permite unir a los tres ámbitos: el social, el económico y el ambiental. El secreto es partir de un concepto que pone a las personas en el centro. Eso nos permite anclar la transformación hacia la sostenibilidad desde las necesidades que compartimos como personas y como miembros del ecosistema que conformamos.

 

El ecosistema como modelo

Uno de los últimos casos que confirma que pasará si no seguimos este concepto es la experiencia en una de las curtiembres más importantes de América Latina. La compañía emplea a más de 5.000 personas en toda la región. Hace unas semanas, en la ciudad cercana a una de sus plantas productoras en el sur del continente, se detectó contaminación de aguas residuales. Si bien no se pudo probar que la contaminación provenía de la curtiembre en cuestión, la compañía no dudó: tras un breve debate interno, el directorio decidió cerrar la planta. El alcalde de la ciudad, como también el Gobernador del Estado, saludaron la rápida gestión. No así el sindicato que nuclea al 60% de los casi 400 trabajadores que emplea la planta. La organización obrera llamó a la huelga, argumentando que la compañía estaba aprovechando la situación para reducir personal y aliviar así sus pasivo financiero. El gremio llamó a la huelga general en las cinco plantas que tiene la curtiembre en el país en cuestión. Además, llamó a los trabajadores de empresas proveedoras a unirse al reclamo para obligar a la compañía a una reinstalación inmediata de los trabajadores cesados. Más de 10.000 personas se sumaron y bloquearon algunas de las principales arterias del país. A los pocos días, la compañía y el gremio acordaron la reapertura de la planta productora hasta nuevo aviso.

 

Las personas, al centro

La experiencia refleja el principal error que en Olivia vemos repetirse mientras empresas en todo el mundo tratan de acelerar su camino hacia la sostenibilidad: considerar a nuestras organizaciones como actores independientes. Sin embargo, el caso de la curtiembre nos demuestra que nuestras organizaciones siempre son parte del ecosistema que mencionamos. Este se compone de las personas que trabajan en nuestra organización; de los proveedores que la abastecen con servicios y productos; pero también de las comunidades de las que provienen sus integrantes. Al mismo tiempo, nuestra organización es parte de otros ecosistemas, como lo son el segmento de mercado en el que compite y, también, de la economía que integra.

En el caso de la curtiembre esta interdependencia no se supo honrar. Su resultado: ningún ganador pero sí cuatro perdedores:

1) La empresa, porque sufrió un parate de varios días no solo en la zona afectada sino en todas sus instalaciones del país.

2) El Estado, porque sufrió el desgaste de un descontento social que se traduce no en menos votos sino -mucho más importante- en una falta de ingresos a nivel nacional.

3) Los trabajadores por la incertidumbre que vivieron en los días que duró el paro.

4) El medioambiente por tener que seguir sufriendo una contaminación de la que hasta el día de hoy no se conoce su verdadero origen. 

Los que ya están en el camino

En sus 17 Objetivos para Transformar al Mundo, las Naciones Unidas (ONU) fijaron qué debe significar no dejar a nadie atrás desde una visión sistémica global. Como organizaciones, nos toca liderar el camino desde una visión sistémica, al ser nosotros quienes tenemos los medios y el talento para cambiar modelos y prácticas de negocios.

La interdependencia que vemos aflorar hoy más que nunca en todo lo que hacemos nos exige entender que el punto de partida de nuestros negocios ya no puede estar reducido a generar beneficios monetarios. El futuro de nuestro modelo de negocios se define por poner a las personas y al planeta en el centro de lo que hacemos. Y lograrlo no es una utopía, como muchos aún piensan. Las B-Corporation, que hoy ya cuentan con más de 5.000 empresas en más de 84 países, y las organizaciones que se comprometen con conceptos como el Net Positive prueban que una visión que apuesta por satisfacer las expectativas de todos sus stakeholders mientras integran el triple impacto a su hoja de resultados genera organizaciones más rentables y confiables en el largo plazo. El primer paso es entender que en ese camino no puede haber perdedores.

Por Juan ParodiSocio y Director Global de Sostenibilidad e Impacto de OLIVIA, y Alejandro Goldstein Socio y Director de OLIVIA.

 

 

 

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