
Hay certezas en la escasez y certezas en la abundancia y ambas nos llevan por distintos caminos. Lo positivo, es que estos caminos hoy están más claros que nunca. Para conocer el resultado me animo a recorrerlos para entender cuál es el que nos llevará al logro de nuestros objetivos.
Si paramos por un momento en la vorágine de nuestro día a día, podemos identificar tres afirmaciones que en estos días marcan nuestra realidad y que me animo a llamar las “certezas de la escasez” porque aparecen en los momentos de crisis y que lastran la recuperación y la reactividad de nuestra organización.
En primer lugar, hemos establecido el control de daños como nuestra prioridad. Casi todos los empresarios en el mundo han hecho un control de los impactos negativos como efecto de la pandemia; por el bloqueo de los mercados y las fronteras; el cierre de comercios. Esta visión nos mantiene alerta para estar preparados ante la próxima ola que, seguramente, está por llegar. Ahora bien, esta actitud evita que la mirada se expanda y pueda percibirse dónde surgen las oportunidades. Como líderes, estamos obligados a saber poner un límite y sacar a nuestros equipos de la etapa de control de daños para que juntos puedan percibir el futuro.
Otra tentación inherente de la situación que vivimos es la “certeza” de que es el mundo el que nos castiga convirtiendo a la culpa ajena en nuestra “motivación”. Bajo el lema “maldita crisis” le echamos la culpa al Covid por todo excusándonos en la batalla contra el virus para mantener la mirada en aquellos ámbitos en los que lamentablemente no podemos influir. El resultado es un círculo vicioso que nos paraliza y que evita que podamos hacernos cargo de la situación. Una metáfora que bien describe su impacto es el cuento de los dos vendedores de zapatos. Ambos vendedores son enviados por sus respectivas compañías a un país lejano para abrir mercado. Al llegar, ven que, en el país de destino, las personas no usan zapatos. El primer vendedor le pide entonces a su jefe de inmediato que lo deje volver: “No tiene ningún sentido que siga. Como viven aquí, nadie tiene necesidad de nuestros zapatos”. El segundo vendedor, en cambio, le pide a su superior: “¡Jefe!, mándenme de inmediato más material. El mercado es infinito.” El juego de maldecir el entorno es tan antiguo como la economía. Pero, en épocas de pandemia, corremos el peligro de aumentar su impacto y pensar sólo desde la escasez.
Gran parte de los empresarios en el mundo han hecho los ajustes que les ha dictado el mercado. También se han adaptado a las nuevas regulaciones que han venido dictando los gobiernos. Muchas empresas, ya no saben cómo responder a exigencias normativas sobre la presencialidad de sus empleados en las empresas; de los clientes en el negocio; de los proveedores, si estaban autorizados (o no) a entregar. Ahora la regla es: esperar y seguir una hoja de ruta de “pasos cortos” en el negocio como si apagar el incendio fuese la única tarea. La consecuencia: una mirada limitada al corto plazo.
Sin embargo, yo creo que no es el mundo el que cambia; lo que cambia es el mundo que conocemos. Por eso, me parece oportuno establecer las “certezas de la abundancia” porque nos permiten imaginarnos y redefinirnos, siempre y cuando logremos levantar la mirada.
Para una buena idea de negocios, hoy tenemos la sensación de que el capital brota, no hay problemas de financiación. Los ejemplos no son solo los paquetes de incentivos inyectados por gobiernos como el de EE.UU. o la UE. También desde el sector privado nunca fue tan fácil encontrar compañeros de viaje capitalistas a la hora de impulsar un nuevo producto, una nueva solución, un nuevo servicio. Según el último informe de Dealroom, el volumen de rondas de financiación en nuevos negocios a nivel global superaba, a mediados de 2021, todos los récords inyectando más de 264.000 millones de euros en todo el mundo en nuevas empresas y proyectos.
A diferencia de otros tiempos y gracias a las tecnologías desarrolladas en los últimos veinte años, el talento fluye y hoy puede moverse a cualquier parte del mundo. Además, los llamados nómadas digitales ya no se componen exclusivamente de un grupo de millenials y se han activado también el grupo de profesionales de 45 – 65 años.
El factor determinante, sin embargo, no es la movilidad, es la inspiración que una compañía despierta. Las compañías tradicionales en las que nuestra generación querían trabajar, hoy no fascinan a absolutamente nadie. Por esta razón el término “propósito” se ha vuelto a colocar en el centro de la atracción del talento. La idea basada en la abundancia de propósito es la que tiene hoy poder de atracción para ese talento.
Ahora bien, el mercado se amplifica y hoy como nunca antes tenemos las herramientas para llevar nuestro mensaje de organización, de producto, de propósito a cualquier parte del mundo y en tiempo real. De esta forma, tenemos la oportunidad de aprovechar este nuevo alcance para nuestro modelo de negocio.
Por último, si algo han supuesto los dos que vivimos entre pantallas es la adaptación de nuestra cadena de valor. El mercado nos ha exigido flexibilidad para reordenar nuestra logística, nuestra producción, nuestro contacto con los clientes y la gestión de nuestro talento interno. En ese recorrido, la colaboración se universaliza explotando de la mano de una penetración tecnológica inesperada que tuvo su foto más conocida en el aumento de plataformas de colaboración.
El factor clave para aprovechar estas certezas de la abundancia por encima de las certezas de la escasez es el poder que emana la cultura en nuestra organización. Dado que la cultura la componen el conjunto de creencias de un grupo de personas, también la cultura sufre de escasez y anhela también la abundancia.
Así, las culturas basadas en la escasez están orientadas al control y a la aprobación, a la autorización, a la revisión y al consabido análisis-parálisis. Son culturas que están basadas en la desconfianza y en el temor de que se manifiesten los peores presagios.
Por el contrario, las culturas basadas en la abundancia entienden que el conocimiento y la capacidad de generar ideas están distribuidas a lo largo de una organización. Solo hace falta crear un entorno propicio para que puedan manifestarse. Son también culturas conscientes de que el flujo libre de ideas y de acciones pueden y tienden a generar errores como parte de aprendizaje y que favorecerá a toda la organización.
En definitiva, la mentalidad de la abundancia nos permite salir de este mundo condicionado por el contexto actual. Hay formas de imaginarnos, incluso hoy, en un mundo de posibilidades nuevas y, porque no decirlo, infinitas. El secreto pasa por trabajar desde nuestra cultura para cambiar la perspectiva y ajustar la mirada. Es ella la que tiene el poder de mantenernos anclados en un escenario limitado o elevarnos como organización para aprovechar las oportunidades que se presentan.
Por Alberto Bethke, Socio y Fundador de OLIVIA