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El talento no es el problema: es el trabajo que le asignamos

Escrito por Yoel Kluk | May 26, 2026 5:15:56 PM

Cada vez que una empresa me dice que quiere innovar, hago la misma pregunta antes de hablar de ideas, tecnología o estrategia: ¿en qué se le va realmente el tiempo a tu gente más valiosa?

La respuesta casi nunca es estratégica.

En la mayoría de las organizaciones, los perfiles más calificados —analistas senior, managers, incluso directivos— pasan buena parte de su jornada limpiando bases de datos, actualizando reportes que nadie cuestiona, preparando presentaciones para cumplir, no para decidir. Son personas contratadas para pensar que pasan sus días ensamblando.

Esto no es un problema de cultura. Es un problema de arquitectura organizacional.

El nuevo blue collar tiene pantalla, no casco

A principios del siglo XX, el valor de las empresas dependía del trabajo manual. La revolución industrial separó lo físico de lo intelectual: puso a las máquinas a repetir y a las personas a diseñar, supervisar y decidir.

Hoy estamos viviendo una transición equivalente, pero mucho más silenciosa.

El trabajo repetitivo ya no es físico. Es cognitivo. El nuevo blue collar usa Excel, PowerPoint, SQL y dashboards. Son personas altamente formadas que absorben variabilidad operativa con su tiempo y su atención, porque la organización no fue diseñada para hacerlo de otro modo.

Y mientras eso ocurre, nadie lo llama por su nombre.

La paradoja que nadie nombra

A esas mismas personas se les pide innovación, pensamiento crítico y visión de largo plazo. Se espera que cuestionen lo establecido, que vean oportunidades, que propongan caminos nuevos. Pero se les diseña el trabajo para repetir.

Cuando la innovación no aparece, se culpa a la cultura, al miedo al cambio, a la resistencia. Rara vez se cuestiona algo más básico: por qué seguimos asignando trabajo repetitivo a personas contratadas para pensar.

Según el World Economic Forum, más del 50% del trabajo que realizan hoy los profesionales podría automatizarse parcial o totalmente con tecnologías ya disponibles. El problema no es la falta de herramientas. Es qué estamos haciendo con las personas.

Liberar talento no es un tema de bienestar. Es una decisión estratégica.

Automatizar lo ordinario exige decisiones incómodas: dejar de pedir ciertos reportes, aceptar menos control manual, rediseñar responsabilidades, cambiar métricas. Eso es más difícil que seguir pidiendo a la gente que le eche ganas.

Cuando el talento sigue atrapado en trabajo repetitivo, la innovación es discurso aspiracional. No porque falten ideas, sino porque no hay espacio real para ejecutarlas.

Innovar no es pedirle más a las personas. Es quitarles peso.

La pregunta que toda organización debería hacerse hoy no es "¿cómo innovamos más?" sino "¿qué trabajo le estamos sacando de encima a quienes deberían estar innovando?"

 

Te invitamos a profundizar mucho más en este tema, leyendo el ebook “De lo ordinario a lo extraordinario” 

Por Yoel Kluk, socio de Olivia México.

 

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