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Una pregunta rápida: ¿Cuántas estatuas o monumentos de equipos existen en el mundo? ¡Ninguna! Increíble, pero cierto. Estatuas y monumentos de individuos destacados, hay cientos de miles, pero de los equipos que han conquistado hazañas, ninguno. 

 

Carlos III en la Puerta del Sol en Madrid. Cristóbal Colón en el extremo sur de La Rambla en Barcelona. El Cid en Plaza España en Valencia. Estas son apenas un puñado de las tantas estatuas y monumentos que celebran a personas destacadas a lo largo de la historia. En el mundo, es posible encontrar muchísimas esculturas que honran, también, a figuras icónicas que dejaron una marca indeleble a lo largo de la historia. En el ámbito militar (monumento a Napoleón en París o la estatua de Simón Bolívar en Caracas), en el arte (como la estatua de Pablo Picasso en Málaga o de Salvador Dalí en Cadaqués) y en las letras (Jorge Luis Borges en Buenos Aires, Miguel de Cervantes en Madrid o Jane Austen en Basingstoke). Sin embargo, no hay monumentos que celebren el espíritu de equipo, la colaboración y el esfuerzo conjunto. Este sesgo hacia la individualidad, aunque comprensible en muchos contextos, tiene un impacto significativo en el sistema de valores de las sociedades, así como en la capacidad de las empresas para fomentar una colaboración efectiva. 

Sigamos con el ejemplo de los monumentos. Incluso en el ámbito deportivo, donde la importancia del trabajo en equipo es innegable, las estatuas suelen destacar a las figuras individuales. Si bien es cierto que el Manchester United y el Manchester City erigieron figuras en honor a tríos legendarios, como la "Santísima Trinidad" del United (dedicada a George Best, Denis Law y Bobby Charlton) y el tributo al trío del City (Colin Bell, Francis Lee y Mike Summerbee), aún persiste una falta de reconocimiento del esfuerzo conjunto detrás de estos logros. Por caso, el equipo de fútbol argentino River Plate ganó la Copa Libertadores en una emblemática final disputada en Madrid frente a su “archirrival” Boca Juniors en diciembre de 2018. Por entonces, el director técnico era el exdelantero Marcelo Gallardo, quien ya cuenta con una estatua en su honor desde mayo de 2023. No así el equipo técnico que lo acompañó: Hernán Buján y Matías Biscay, entre otros. Es como si la Libertadores la hubiera ganado Gallardo solo. 

Este enfoque en la individualidad no es exclusivo del ámbito deportivo; se extiende también al mundo empresarial. ¿Cuántos monumentos conmemoran al equipo ejecutivo detrás del líder? ¿Cuántas esculturas celebran el esfuerzo conjunto que llevó a una empresa al éxito? ¿Dónde están las estatuas que celebran los logros colectivos, el espíritu de equipo que llevó a la victoria?  

Por más brillante y hábil que pueda ser un ejecutivo o director, el éxito de una empresa no recae en la responsabilidad de una sola persona. Destacamos CEOs y emprendedores innovadores, desde Jeff Bezos a Elon Musk, ¿pero conocemos a los equipos y las personas que los acompañaron e hicieron posible gran parte de los logros conseguidos? ¿Sabemos cuál es el nombre del CFO o del director de Producto de alguna de estas compañías? Salvo sus familiares, colegas y amigos, seguramente muy pocos los recuerdan. 

 

Un caso interesante de destacar es el de Berkshire Hathaway y su icónico dúo, Warren Buffett y Charlie Munger. Durante décadas, Munger desempeñó un papel crucial en el éxito de la empresa, aunque en gran medida en las sombras, eclipsado por la figura de Buffett. Esta dinámica refleja una realidad común en muchas organizaciones: la falta de reconocimiento del trabajo en equipo detrás de los líderes visibles. Para fomentar el espíritu de equipo, los líderes empresariales deben promover la exposición de sus equipos de trabajo siempre que sea posible para que también ellos reciban el reconocimiento que merecen. 

Los líderes que reciben los reconocimientos son los que tienen la responsabilidad de colocar a sus colegas de equipo en el pedestal junto a ellos.  

El desafío radica en crear una cultura donde el trabajo en equipo sea valorado tanto como los logros individuales. Esto implica superar barreras arraigadas, como la competencia interna, la falta de comunicación efectiva y la ausencia de reconocimiento por parte de superiores. Además, es clave vencer la tentación de rodearnos de personas similares a nosotros, en lugar de buscar la diversidad de perspectivas que enriquece la toma de decisiones. 

El trabajo en equipo es importante para el rendimiento organizacional y el bienestar de los empleados, como destaca un artículo de Harvard Business Review. Sin embargo, también se debe tener en cuenta que aprovechar la inteligencia colectiva trae aparejados ciertos desafíos, como la coordinación y la gestión del estrés. Es clave que los líderes comprendan estos aspectos y fomenten un entorno donde todas las personas se sientan valoradas y escuchadas. 

En última instancia, construir una cultura de equipo requiere un esfuerzo conjunto y un compromiso continuo. Desde reconocer los logros colectivos hasta fomentar la diversidad de opiniones, cada paso cuenta en el camino hacia una colaboración más efectiva y una empresa más resiliente. 

Aunque puede que tamaña exaltación del individualismo tenga su raíz en la necesidad de tener ídolos y referentes individuales, es hora de que las organizaciones y la sociedad en su conjunto redefinan sus estándares de éxito, reconociendo también a los equipos que trabajan detrás de escena. Solo entonces podremos construir un futuro donde el trabajo en equipo sea verdaderamente celebrado y valorado. 

 

Por Ricardo Kofman, Director Asociado de Olivia en la Comunidad Valenciana 

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