Alberto Bethke, socio fundador de Olivia, analizando innovación y experiencia del cliente

Innovación sin cliente: cómo la FIFA priorizó ingresos sobre experiencia

Cómo la innovación sin enfoque en el cliente puede ser rentable pero fracasar. El caso del Mundial 2026 y lecciones para corporaciones.

Escrito por
Alberto Bethke
Alberto Bethke

Socio fundador de Olivia. Totalmente enfocado en explotar el potencial de las personas, e inspirar a líderes a un cambio sustentable.

En el episodio Whisky Stories Mundialista sobre innovación y clientes, surgió una pregunta directa: ¿para qué sirve innovar si al final nadie aprecia lo que se hizo?

El Mundial 2026 —con sus 48 equipos distribuidos en tres países, sus precios dinámicos que se disparan según la demanda, sus tickets que cuestan seis veces más que hace cuatro años— es la respuesta práctica a esa pregunta.

La FIFA innovó. Pero alguien se olvidó de mirar hacia dónde.

Innovación que no mira al cliente es un experimento sin testigo

En 2003, Clayton Christensen, profesor de Harvard Business School, desarrolló el concepto "Jobs to Be Done" para entender el comportamiento del consumidor. La idea es simple pero revolucionaria: cuando alguien realiza una compra, no está comprando un producto. Está contratando algo para que haga un trabajo específico en su vida.

Un hincha que gasta dinero para ir al Mundial no está comprando una entrada. Está intentando hacer varias cosas a la vez: vivir una experiencia única, sentirse parte de una comunidad global de aficionados, crear recuerdos con sus amigos, estar presente en un momento histórico. El trabajo a hacer es más profundo que la transacción.

Cuando se innova sin preguntarse qué trabajo necesita hacer el cliente, se termina creando algo que se ve moderno pero que deja insatisfecho a quien lo usa. Eso es exactamente lo que ocurrió en este caso.

Los números: cómo innovar puede ser rentable y fracasar al mismo tiempo

La estructura del Mundial 2026 es, desde el punto de vista de la caja, un éxito. Por primera vez en la historia, la Copa se juega en tres países simultáneamente: Estados Unidos (11 sedes), México (3) y Canadá (2). Son 48 equipos, 104 partidos, y se espera una concurrencia superior a seis millones de aficionados. En teoría, es más grande, más inclusivo, más escalable.

Pero ahora viene la parte donde desapareció el cliente del análisis. La entrada base comienza en 60 dólares para algunos partidos de la fase de grupos. La final, en cambio, sale desde 6.730 dólares. Eso es más de cuatro veces lo que costaba en Qatar 2022. Los números para seguir a un equipo: entre 190 y 600 euros por partido de grupos, entre 580 y 1.200 euros por cuartos, y entre 3.600 y 7.400 euros por la final. Y eso es lo que se anunció; los precios dinámicos hacen que ese número suene optimista.

Cuando se agregan a esto el costo de tres pasajes aéreos internacionales, visas para cruzar fronteras, hoteles en tres ciudades potencialmente distintas, transporte entre países, la ecuación se vuelve insostenible para la mayoría. Un hincha que ahorró durante cuatro años para ir al Mundial a Qatar podía hacer mucho más con su presupuesto. En 2026, ese mismo presupuesto alcanza para apenas un partido.

El contrasentido: innovación en volumen, pero para menos gente

Aquí está el punto ciego. La FIFA probablemente pensó: "Expandimos el evento a tres países, más sedes, más aficionados potenciales acceden". Y es matemáticamente correcto. Pero olvidó una variable: el costo de estar presente.

Hay una diferencia entre "más gente que puede comprar" y "más gente que efectivamente va". El primero es marketing. El segundo es realidad. Cuando una organización anuncia una innovación pero no estudia cómo esa innovación cambia la vida (o el presupuesto) de quien supuestamente se va a beneficiar, está innovando a oscuras.

IDEO, la firma de diseño que popularizó el "Design Thinking", identifica tres pilares para que una innovación funcione: desirability (¿la quiere la gente?), feasibility (¿se puede hacer?) y viability (¿es sustentable?). El Mundial 2026 probablemente pasó los dos últimos. En el primero, el resultado fue insuficiente.

La lección para organizaciones: cuando el cortoplacismo se disfraza de innovación

Esto no es un problema exclusivo de la FIFA. Es un patrón que se repite en empresas de todos los tamaños. Un banco introduce una app de última generación, pero el call center sigue siendo un desastre. Una aerolínea ofrece venta dinámica de asientos "personalizada", pero en realidad solo significa que un vuelo cuesta más cada día que pasa. Un retailer implementa IA en la atención al cliente y termina con bots que no pueden sacar a nadie del menú básico.

La tentación es casi irresistible: optimizar costos, expandir volumen, mejorar márgenes. Y sí, esos números suben. Pero suben porque se decidió que la innovación iba a servir a la compañía antes que al cliente. Y eventualmente, eso se cobra.

Lo que la FIFA no vio (o no consideró relevante) es que hay un límite donde el cliente deja de decir "qué caro" y empieza a decir "no voy". Ese límite es invisible hasta que se cruza. Y una vez que se cruza, los números no vuelven a los mismos niveles.

Puntos clave para organizaciones que innovan

¿Cuál es el trabajo que necesita hacer el cliente, realmente?

No es "comprar una entrada". Ni siquiera es "ver un partido". Es "estar presente en un momento histórico con gente importante, sin que eso requiera un sacrificio económico insostenible". Si la innovación no resuelve ese trabajo, se está construyendo sobre arena.

¿Cómo cambia la innovación la experiencia del cliente en su contexto real?

No en un laboratorio. No en una reunión de directivos. En la vida real. El Qatar 2022 tenía un contexto: un país chico, todo relativamente accesible. El 2026 cambió eso radicalmente. ¿Se estudió cómo eso afecta la experiencia? ¿O solo se vio el número potencial de aficionados?

¿Qué se está optimizando: los números de la organización o la experiencia del cliente?

Porque si es lo primero, eventualmente se va a notar. Y si es lo segundo, es probable que los números terminen siendo todavía mejores. La ironía es que innovar mirando al cliente suele ser más rentable a largo plazo que innovar mirando la caja registradora.

La innovación sin cliente es como un árbitro que pita sin ver el partido. Al final, alguien termina furioso, y probablemente no sea quien debería estarlo.

 

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FUENTES:

Christensen, Clayton M. (2003). Competing Against Luck: The Story of Innovation and Customer Choice. Harvard Business School Press. Desarrolla el framework 'Jobs to Be Done' para entender la motivación del consumidor más allá de segmentación demográfica.

IDEO. Design Thinking: Three Factors for Innovation. Framework que identifica desirability, feasibility y viability como pilares de una innovación efectiva.

Futbolred / Goal.com / Betfair. (Junio 2026). Análisis de precios de entradas Mundial 2026: estructura de precios dinámicos, comparativa con Qatar 2022, impacto en aficionados.

ESPN Deportes. (2026). Estructura y sistema de venta de entradas Mundial 2026: fases de venta, precios base, distribución de sedes en tres países.

Soccerway / AFP. (Diciembre 2025 - Junio 2026). Reacciones de aficionados y grupos de simpatizantes: crítica sobre precios "exorbitantes" y percepción de inclusividad fallida.

RFEF (Real Federación Española de Fútbol). Política oficial de precios y venta de entradas Mundial 2026. Confirmación de sistema de precios variables y categorías.

 

 

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