
En el episodio La mirada del dron, de Olivia Play, surgió un tema inspirado en la tecnología y los gadgets: la mirada de dron. No es una metáfora decorativa.
Es algo que define a los directivos que realmente conducen organizaciones complejas, en contraste con los que se limitan a gestionarlas.
La idea es simple: un dron puede subir y ofrecer una perspectiva aérea que desde el piso es imposible ver. Pero también puede bajar, acercarse al terreno, captar los detalles, sentir lo que pasa de cerca. Y lo mejor: puede hacer eso con rapidez, sin elegir uno u otro. Zoom in y zoom out, simultáneamente o según lo que el momento exige.
Durante años hablamos de la mirada sistémica como competencia indispensable para los líderes. Poner todas las variables en un balanced scorecard, planificar escenarios, mirar el panorama general. Eso sigue siendo necesario, pero ya no es suficiente. En entornos con tanta incertidumbre, la habilidad que se vuelve clave es la capacidad de ir de la micro a la macro y de la macro a la micro en un instante.
El dron representa el movimiento fluido entre perspectivas: contextualizar lo puntual en lo estratégico y, al mismo tiempo, ver cómo la estrategia se ve afectada por lo que pasa en el piso. Un juego de ida y vuelta que, si se hace bien, transforma la manera de liderar.
Micromanagement: el peligro de quedar atrapado en la micro
Hay directivos que se jactan de ser “cercanos” a sus equipos. Están siempre disponibles, en cada reunión, en cada decisión. Lo que no ven es que esa cercanía permanente tiene un nombre: micromanagement. Y tiene un costo alto. Cuando un líder opera solo en el zoom in —como si fuera el cajero, el analista o el operador—, no está siendo accesible. Está bloqueando a su equipo y perdiendo de vista la compañía que tiene que construir.
El otro extremo también existe. En los roles más altos de la organización, la mirada puede elevarse tanto que se pierde la sensibilidad de lo que pasa en el terreno real. El C-level que no camina una sucursal, que nunca está en la sala de ventas, que no habla con los clientes, termina tomando decisiones sobre abstracciones en lugar de sobre realidades. Y eso tiene un costo que no siempre se ve a tiempo.
La mirada de dron es el antídoto para estos extremos. Te acercás cuando necesitás. Te alejás cuando necesitás. No es distancia ni abandono. Es inteligencia para saber desde dónde mirar.
El valor del terreno: cómo evitar “la mentira de la foto”
Una de las formas más concretas de ejercitar esta habilidad es salir a caminar el terreno. La planta, el depósito, el lugar de atención al cliente. Pero hay una condición: hacerlo sin avisar.
Cuando se anuncia la visita, la organización “se peina” para la foto. Todos simpáticos, todo ordenado, nada fuera de lugar. Es la versión corporativa de lo que hoy son las redes sociales: una curaduría que no refleja la realidad.
Recuerdo una frase de un jefe que tuve en los años 90, que llamaba a eso “la mentira de la foto”. Su argumento era simple: no hay nada más irreal que una foto. La gente posa. La realidad está en la película, en lo que pasa cuando nadie sabe que está siendo observado. Por eso el mystery shopper interno —caminar sin anunciar quién sos, ver la operación en su estado natural— vale mucho más que la visita protocolar.
Herramientas para directivos: cómo convertir la gestión operativa en estrategia
Salir a caminar no alcanza. Lo decisivo es qué hacés con lo que encontrás.
La falta de mirada de dron es bajar al terreno y quedar atrapado en los conflictos del momento: quién tiene razón en una discusión, cómo debería resolverse tal problema puntual. Eso no es liderazgo; es arbitraje. La mirada del dron, en cambio, hace otra pregunta: “¿Qué tiene que ver esto con la compañía que estamos construyendo? ¿Nos acerca o nos aleja?”. Toma la micro como muestra, la extrapola y la usa para intervenir en el sistema, no para resolver el episodio.
Esa distinción es clave. Cuando un directivo entiende que su rol no es solucionar el problema del cajero, sino comprender qué representa ese problema para la organización y actuar en consecuencia, empieza a liderar de verdad. Y la buena noticia es que esta habilidad no es innata: se puede desarrollar.
Test de liderazgo: 3 preguntas para entrenar tu visión directiva
- 1. ¿Cuándo fue la última vez que caminaste el terreno sin avisar? Si no recordás, ahí está el primer síntoma.
- 2. Cuando encontrás un conflicto en el piso, ¿lo resolvés en el momento o te preguntás qué dice ese conflicto sobre la compañía que construís? La respuesta revela si estás operando desde el zoom o desde la estrategia.
- 3. ¿Tu equipo puede tomar decisiones sin que vos estés? Si la respuesta es no, probablemente estés demasiado abajo en el zoom y muy poco arriba.
La mirada de dron no es un lujo para grandes corporaciones. Es una habilidad para cualquier persona que conduzca equipos y tenga que equilibrar lo urgente con lo importante, lo cotidiano con lo estratégico. El dron sube, baja, se acerca, se aleja. Y en ese movimiento, ve lo que desde un solo lugar es imposible percibir.
Escuchá el episodio completo La mirada de dron en Olivia Play.
Por Alberto Bethke, socio fundador de Olivia.