Yoel Kluk, socio de Olivia, sobre innovación empresarial y toma de decisiones estratégicas

Innovar no es un problema creativo. Es una decisión directiva.

Las empresas no fallan por falta de ideas, sino por falta de decisión. Conoce las 5 condiciones para que una decisión de innovación sea real.

Escrito por
Yoel Kluk

También Director de Deepple, la empresa de people analytics que co creó hace unos años a partir de su pasión por la ciencia de datos, Yoel ama crear estrategias de negocio que conecten innovación con resultados reales.

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Después de años trabajando con empresas de distintos tamaños, industrias y países, hay una conclusión que se vuelve difícil de ignorar: la mayoría de las organizaciones no tiene un problema de creatividad. Tiene un problema de decisión.

Durante mucho tiempo, la innovación empresarial se trató como si fuera un tema casi artístico. Algo que depende de ocurrencias, inspiración o talento excepcional. Esa narrativa es cómoda porque desplaza la responsabilidad: si la innovación no ocurre, siempre se puede decir que "no surgió la idea correcta".

La realidad es menos cómoda.

La creatividad es hacer algo nuevo que sea útil. La innovación es implementar eso nuevo dentro de una organización real. Y entre una cosa y la otra hay un abismo.

Por qué la innovación muere antes de tener oportunidad en las empresas

La innovación no muere por falta de ideas ni de talento ni de tecnología. Muere porque entra a una organización diseñada para proteger el presente, no para construir el futuro.

En casi todas las organizaciones ocurre el mismo choque inevitable: la innovación compite contra la operación. Y cuando eso pasa, la operación siempre gana. Tiene consecuencias inmediatas, métricas claras, responsables visibles y presión diaria. La innovación, en cambio, vive en el futuro. Y el futuro casi nunca tiene urgencia.

Nada ha matado más iniciativas de gestión de la innovación que los comités. No porque la gente en ellos no quiera innovar, sino porque los comités están diseñados para reducir riesgo, no para crear algo nuevo. Cada capa agrega lógica, control y validación. Y con cada capa, la innovación pierde velocidad, foco y dueño.

Así es como muere la mayoría: por desgaste, no por decisión.

Este fenómeno se profundiza en contextos donde el rol del liderazgo está siendo redefinido por nuevas presiones externas.


Cinco condiciones para que una decisión estratégica de innovación sea real

Con el tiempo identifiqué cinco condiciones que siempre están presentes cuando una decisión importante está madura.

1. Marco conceptual suficiente

Tener un marco conceptual suficiente. Nunca completo, nunca perfecto. Esperar certeza total es una forma elegante de no decidir.

2. Evaluación real de alternativas

El más importante: no medir cuántas ideas se generaron, sino si hubo opciones verdaderamente distintas entre sí. Si todas las opciones se parecen, no hay decisión: hay confirmación. Las mejores decisiones no se explican por lo que se eligió, sino por lo que se descartó conscientemente.

3. Información confiable, aunque incompleta

Pruebas piloto, experimentos acotados, señales de la realidad. Suficiente para reducir el autoengaño, no para eliminar el riesgo.

4. Reconocimiento explícito de los trade-offs

Toda decisión estratégica importante implica que alguien gana y alguien pierde. No se busca consenso, sino alineación consciente sobre lo que se está sacrificando.

5. Conversión en una decisión real y ejecutable

Si nadie está dispuesto a ejecutarla, a poner tiempo, energía o capital político, no hay decisión. Hay análisis. O peor: hay una decisión de no decidir.

Innovar exige compromiso. Y el compromiso no se delega.

Visto así, innovar deja de ser un tema creativo y se convierte en lo que siempre fue: una responsabilidad directiva. No tiene que ver con tener más ideas, sino con atreverse a tomar decisiones estratégicas de liderazgo que incomodan, que redistribuyen poder y que cuestionan certezas.

La cultura de innovación no empieza con una idea brillante. Empieza cuando alguien decide dejar de proteger el presente y se compromete, de verdad, con construir el futuro.

La pregunta no es si tu empresa quiere innovar. La pregunta es si está dispuesta a decidir distinto.

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Por Yoel Kluk, socio de Olivia.

 

INNOVACIÓN ORGANIZACIONAL
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