Mariana Socorros, socia de Olivia España

El crecimiento que se come a sí mismo

Cuando una empresa crece rápido, su mayor riesgo no está en el mercado sino puertas adentro: fuga de talento, deuda cultural y experiencia de empleado.

Escrito por
Mariana Socorros
Mariana Socorros

Inspiradora y audaz, desafía el statu quo con ideas que reconfiguran la manera en que las organizaciones piensan, crean y evolucionan.

En España, mantener el talento clave ya cuesta más que atraerlo. Y en las compañías que más facturan, el mayor riesgo no está en el mercado: está puertas adentro.

 
Recientemente, un directivo de una compañía en plena expansión me dijo algo que escucho cada vez más en los comités: "Estoy desenfocado. No consigo concentrarme, todo es urgente y nada es prioritario". No hablaba de su carga de trabajo, hablaba de una empresa que factura más que nunca, atrae inversión y capta talento, pero que por dentro opera en modo improvisación permanente. Decisiones que se toman dos veces porque nadie recuerda quién las tomó la primera; prioridades que cambian de reunión en reunión, día tras día, persona a persona; y un equipo directivo entero sosteniendo, a pulso, los espacios que debería cubrir la estructura.
 
El error habitual es tratar esto como un problema de bienestar o de clima. No lo es, o no solo lo es. Es un problema de negocio, con impacto directo en tres líneas que sí importan en cualquier organización y que no es un problema únicamente de Recursos Humanos: la fuga de talento, la cultura como ventaja competitiva y la experiencia de empleado como indicador temprano de riesgo. Las tres están conectadas y las tres se están volviendo más costosas de ignorar.
 
  1. Fuga de talento: la factura que no aparece en el P&L

  2. España cerró 2025 como el único país de la Unión Europea con una rotación laboral de dos dígitos, con cerca de 2,4 millones de personas cambiando de empleo cada trimestre, según datos de Eurostat recogidos en un análisis reciente sobre el mercado laboral español. La rotación media nacional se sitúa ya en el entorno del 17%-18%, una de las cifras más altas de la Unión Europea.

El coste no es marginal. Sustituir a un empleado puede suponer entre el 30% y el 50% de su salario si se contabilizan selección, formación y pérdida de productividad; en perfiles críticos esa cifra puede llegar a duplicar el salario anual, según estimaciones de consultoras como Michael Page y Wellhub. En compañías de varios cientos de empleados con rotación por encima de la media, eso se traduce en varios millones de euros al año en reposición, sin contar el conocimiento que se va con cada salida ni el tiempo de liderazgo que se consume gestionando vacantes y asegurando el conocimiento, en lugar de construir negocio.

Una verdad incómoda para cualquier directivo: en las empresas que crecen rápido, quienes primero se van no son los que peor rinden, son los que más opciones tienen. El talento que la compañía más necesita para escalar es, sistemáticamente, el más fácil de perder cuando la organización no da señales claras de hacia dónde va ni de quién decide qué.

  1. Cultura: la deuda técnica que nadie pone en el balance

  2. Toda organización que crece rápido acumula 'deuda cultural', de la misma manera que un producto acumula deuda técnica: se toman atajos porque hay que avanzar, y esos atajos -hábitos, jerarquías informales, procesos que 'todo el mundo entiende' pero nadie ha escrito- funcionan mientras la empresa es pequeña. Está bien atender lo higiénico al inicio pero cuando la plantilla se multiplica, esa deuda empieza a cobrar intereses en forma de fricción, reprocesos y desconfianza entre equipos.

Tres señales que cualquier equipo directivo puede reconocer en sus propios comités:

Decisiones fantasma: se centran en conversaciones informales, no llegan a quien las ejecuta y se vuelven a discutir semanas después, multiplicando el coste de cada decisión.

Dependencia de héroes: procesos enteros sostenidos por dos o tres personas de forma no oficial; el riesgo operativo real de la compañía vive en su agenda, no en su organigrama.

Autoridad difusa: los equipos y los reportes se multiplican más rápido que la claridad sobre quién tiene la última palabra, lo que ralentiza cada decisión relevante.

Mantener la cultura en equipos pequeños es fácil. No estamos hablando que con el crecimiento debemos rediseñar nuestra cultura, estamos poniendo sobre la mesa -y cuestionando- cómo harán esas organizaciones para escalar esa cultura cuando ya la responsabilidad no puede depender de unos pocos, sino que es el sistema quien debe sostenerla.

Rediseñar la cultura al ritmo del negocio no es una cuestión de valores corporativos ni de clima laboral. Es tan estructural como rediseñar los sistemas o el organigrama cuando la compañía cambia de escala; y debería estar en la misma agenda que la estrategia de crecimiento, no como un anexo de Recursos Humanos.

Experiencia de empleado: el indicador clave

La experiencia de empleado suele tratarse como una 'métrica blanda', cuando en realidad funciona como un indicador clave de riesgo de negocio: se mueve antes que la rotación, antes que la productividad y mucho antes que la cuenta de resultados. Onboardings improvisados, objetivos que cambian sin explicación, líderes sin tiempo para liderar porque están gestionando el día a día operativo... Todo eso se percibe internamente meses antes de aparecer en un informe.

El absentismo laboral en España ya se sitúa en torno al 7%, el más alto de la Unión Europea, y buena parte de ese absentismo se está cubriendo con horas extras y con vacaciones no gozadas, lo que reduce todavía más la eficiencia del equipo que sí está presente; ya sea por la sobrecarga laboral como por el agotamiento organizacional, según un análisis reciente de Michael Page sobre el mercado laboral español. Es la cadena completa: una organización descuida la experiencia de sus personas, esa desconexión se traduce primero en absentismo y desenfoque, después en rotación, y finalmente en una factura que sí llega al comité de dirección, aunque para entonces ya sea una factura de reparación y no de prevención.

La decisión no es si invertir en esto, sino cuándo

Ninguna compañía que esté creciendo con fuerza puede permitirse tratar la cultura, la estructura de decisión y la experiencia de sus personas como un tema secundario frente al crecimiento. Son, precisamente, lo que determina si ese crecimiento se sostiene o si se convierte en un ciclo continuo de contratación, fuga de talento y reinicio permanente, con el consiguiente coste en resultados y en velocidad de ejecución.

Volviendo a la directiva con la que abrí esta reflexión: mi cliente lo que necesitaba no era un consejo sobre productividad personal. Necesitaba que su organización resolviera lo que a ella le tocaba resolver desde el liderazgo: prioridades que se sostengan más de una semana, decisiones que no haya que volver a tomar, y una estructura que no dependa de que cada persona improvise su rol todos los días. Ese es, hoy, un tema de agenda de comité de dirección tanto como cualquier decisión de inversión o de expansión de mercado.

 Lee la tribuna original de El Confidencial aquí 


Por Mariana Socorrós, socia de Olivia España.

 

 
CULTURA ORGANIZACIONAL
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