Reflexiones - Blog de Olivia Consultora

“Equipo que gana no se toca”: por qué esta frase se convirtió en una trampa de liderazgo

Escrito por Alberto Bethke | Jul 13, 2026 3:55:02 PM

Hay una frase que repetimos en el mundo corporativo casi como un mantra: “Equipo que gana no se toca”. Este Mundial la desmiente partido a partido.

En los episodios de Whisky Stories mundialeros en Olivia Play for Business, conversamos sobre esto: el pasado exitoso no es un seguro de vida. Es, como mucho, un antecedente que hay que seguir ganándose.

Uruguay se puso cuatro estrellas en la camiseta porque contó los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 —que en su momento valían como un mundial—, además de los títulos de 1930 y 1950. ¿Eso convierte a Uruguay en una potencia hoy? La evidencia dice que no. Con Italia pasa algo parecido: quedó afuera de este Mundial y, para las generaciones más jóvenes, ni siquiera fue una sorpresa.

La verdadera sorpresa no fue que Paraguay eliminara a Alemania. Fue que Alemania, en 120 minutos, no jugó a nada. Lo mismo con Noruega, que le ganó a Brasil en un partido cargado de historia: no hubo milagro, hubo un equipo que jugó mejor. El peso de una camiseta históricamente ganadora ya no alcanza para explicar un resultado. Lo dice bien esta columna del blog sobre cómo motivar a un equipo que ya lo ganó todo: sostener el hambre después de haber llegado tan alto, quizás, el desafío más difícil de gestionar.

La marca no es el producto

En las organizaciones ocurre exactamente lo mismo. Vamos a muchas compañías y nos encontramos con el “prócer” financiero al que nadie cuestiona porque obtuvo muy buenos resultados en la época de la inflación. El problema es que el primer interrogante que nos regala este Mundial es: ¿Qué está haciendo ese ejecutivo ahora?

Pasa también con las marcas. Los autos alemanes siguen teniendo fama de calidad impecable, pero las marcas chinas, mucho menos conocidas, ya venden más. Todavía hay clientes que prefieren el sello alemán por seguridad, pero cada vez son menos. Si como ejecutivo de una marca prestigiosa creés que la calidad histórica te va a seguir liderando el mercado, es momento de repensarlo.

Uno de los grandes desafíos es cambiar la lógica de los sistemas de evaluación de desempeño, que casi siempre funcionan como una autopsia del último ciclo. La pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿Tiene esta persona las habilidades para diseñar lo que viene?

Ahí es donde se caen algunos héroes, pero también donde aparecen reconversiones interesantes. Cuántos números 5 terminaron jugando de 2 porque ya no les daba el cuerpo pero conservaban la lectura de juego: Javier Mascherano en el Barcelona, Lothar Matthäus en su momento. Son la prueba de que la mente abierta para cambiar de rol, incluso estando consagrado, es una habilidad tan valiosa como cualquier otra. Este tipo de agilidad es, en el fondo, lo que va a decidir quién lidera la transformación en los próximos años: acá desarrollamos esta idea con más detalle.

Reinventarse o quedar afuera

Si miramos el Mundial sin la camiseta puesta, cabe preguntarse si un técnico como Julian Nagelsmann, el DT alemán, no tendría algo para aprender de la estrategia del entrenador de Cabo Verde. La capacidad de aprendizaje, incluso de las glorias del pasado, se transforma hoy en la habilidad clave para seguir vigente.

Brasil dio un paso audaz al contratar a un técnico extranjero, rompiendo el paradigma de que el entrenador de la selección tiene que ser brasileño. Alemania, en cambio, intentó poner a un director técnico más joven que sus propios jugadores y no le funcionó. Ese contraste es un buen ejemplo de que romper con el pasado no garantiza nada por sí solo: hay que hacerlo con estrategia. Sobre este tipo de decisiones —traer una mirada de afuera para sacudir una estructura que ya no rinde— escribimos acá, a partir de la decisión de Brasil de elegir un técnico italiano.

Hay un antecedente que ilustra lo que significa un salto real: la final del 74 entre Holanda y Alemania. Antes de ese Mundial, Holanda no jugaba a nada y ni siquiera clasificaba. A partir de ahí, con Johan Cruyff y “la Naranja Mecánica”, se convirtió en animador constante de cada Mundial siguiente. No fue un ajuste. Fue un cambio estructural. Y ese tipo de bisagras, en una organización, casi nunca ocurren en el medio de la inercia: suelen aparecer cuando alguien se anima a usar el entretiempo para replantear todo, algo de lo que hablamos en esta columna sobre el entretiempo que los líderes a veces desaprovechan.

El fin de los éxitos perpetuos

Nos encanta pensar que el futuro es una extrapolación lineal del pasado, y ahí está el error. Ya no existen los laureles eternos: festejás el fin de semana, pero el lunes a la mañana, si no seguís construyendo, ya perdiste terreno frente al próximo Mundial.

La buena noticia es que el fin de los éxitos perpetuos también es el principio de una oportunidad ilimitada. Cualquier organización con capacidad real de construir futuro puede ser protagonista del próximo ciclo, así como esperamos a Cabo Verde en el próximo Mundial. Como cierre simbólico de esta idea, vale la decisión de la FIFA de que el campeón ya no clasifique automáticamente al torneo siguiente: tiene que volver a jugarse la clasificación, como cualquier otro. Es, quizás, la mejor metáfora de que ningún resultado pasado te garantiza nada en el presente. Sobre cómo se construye ese tipo de cultura orientada a sostener el éxito en el tiempo, ya habíamos escrito en el blog acá.

Te invitamos a ver el episodio completo “La historia no te garantiza nada” por Olivia Play For Business acá.

Por Alberto Bethke, socio fundador de Olivia.