Ezequiel Kieczkier, CEO y socio fundador de Olivia, sobre liderazgo empresarial y motivación de equipos de alto rendimiento

Liderazgo empresarial: cómo motivar a un equipo que ya lo ganó todo

Mantener el éxito en las organizaciones exige reinventar el propósito, gestionar el ego y evitar la zona de confort.

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Ezequiel Kieczkier
Ezequiel Kieczkier

CEO y socio fundador. Co Autor de Crisis & Co.

Hay una pregunta que parece sencilla pero que, cuanto más la pensás, más incómoda se vuelve: ¿Qué motiva a un equipo de profesionales a sostener el hambre cuando ya alcanzaron el cielo con las manos?

La disparó el contexto mundialista. La selección argentina llega al próximo Mundial como campeón vigente, con un plantel que en un 80 o 90 por ciento repite nombres respecto al de Qatar 2022. Los mismos que se encerraron 30 días, lejos de sus familias, y consiguieron lo que generaciones enteras soñaron. Ya están en la historia. Ya hicieron dinero. Ya cumplieron la máxima aspiración deportiva.

Entonces, ¿por qué volver? ¿Qué encuentran en esa sala cuando se encierran de nuevo?

Esa misma pregunta, trasladada al mundo de las organizaciones, es la que nos ocupó en el último episodio de Whisky Stories por Olivia Play, Propósito, humildad y audacia: el desafío del que ya ganó todo.

El techo del éxito corporativo: más allá de los incentivos económicos

Si recurrimos a la pirámide de Maslow, el argumento es claro: una vez cubiertas las necesidades básicas, lo que sigue es la autosuperación. Pero cuando sos campeón del mundo —o cuando tu empresa se convirtió en el top of mind de tu industria, el número uno, el referente—, los incentivos económicos dejan de mover la aguja. Ya no alcanza con “ganar más” o “crecer más”. Ese motor se apaga.

Lo que aparece en su lugar, si uno tiene la lucidez de buscarlo, es el sentido de trascendencia. El legado. La pregunta es el para qué.

Detrás del ciclo de la selección argentina hubo un mensaje poderoso para la sociedad: se puede hacer las cosas bien, con esfuerzo, con proceso, con seriedad, y conseguir resultados. En un país donde hacer las cosas colectivamente y en forma prolija muchas veces parece una quimera, ese mensaje fue extraordinariamente potente. Eso es propósito. No una frase en la pared de la oficina, sino una convicción tan genuina que te moviliza.

Gestión de equipos: por qué el mito de “equipo que gana no se toca” frena la innovación

Hay una frase futbolística —y también muy corporativa— que funciona como refugio para no tomar decisiones difíciles: “Equipo que gana no se toca”.

El problema es que esa lógica solo tiene sentido si el desafío que tenés por delante es idéntico al que tenías por detrás. Y casi nunca lo es.

El mundo cambió. El equipo envejeció. Los rivales te estudiaron, te conocen, te anticipan. Nada más fácil que ganarle a un equipo predecible. Entonces, lo que te llevó a ser campeón en su momento no es necesariamente lo que te va a sostener en esa posición.

Para el DT argentino Lionel Scaloni —o para cualquier CEO de una compañía líder— la decisión más cómoda es convocar a los mismos héroes de siempre. La más difícil, y probablemente la más necesaria, es preguntarse si la táctica, la estrategia y hasta el estilo de juego todavía son los correctos para el nuevo contexto. Cambiar desde arriba requiere un nivel de audacia que implica, inevitablemente, poner en riesgo algo de lo construido.

Cultura organizacional: el ego como el principal enemigo del líder

Hay otro factor, quizás el más polémico. En los últimos años vimos escenas donde jugadores de la selección les recordaban a sus rivales, en medio de un partido, que eran campeones del mundo. Divertido en algunos casos, entendible en el calor de la cancha. Pero como señal de cultura de equipo, preocupante.

El principal enemigo del campeón no es el rival: es el ego. El mejor ejemplo del plantel, curiosamente, lo dio el mejor jugador del mundo. No recuerdo a Leo Messi decirle a nadie que era campeón. Lo vi intercambiar la camiseta, con toda naturalidad, con jugadores de equipos chicos en un amistoso. Esa humildad no es debilidad. Es lo que transforma la grandeza en algo sustentable.

En el mundo corporativo pasa exactamente lo mismo. El ejecutivo que llega a la cima y deja de escuchar, que se vuelve autorreferencial, que confunde el éxito pasado con una licencia para hacer cualquier cosa, es el que empieza a perder sin darse cuenta.

Claves de management para sostener el liderazgo de mercado

Llegar al número uno significa que todos te estudian, todos te quieren ganar, todos te copian. El que no tiene nada que perder es, muchas veces, el rival más peligroso: tiene hambre, no tiene presión mediática y juega sin miedo.

Sostener el liderazgo exige tres cosas que, a mi juicio, no son negociables:

  • Propósito renovado: no el de “llegar a ser el número uno”, sino el nuevo, el que viene después. ¿Para qué seguimos haciendo lo que hacemos?
  • Humildad estructural: la que permite escuchar, cambiar, incorporar sangre nueva, cuestionar lo que funcionó.
  • Audacia inconformista: la disposición a transformar lo que está funcionando antes de que el mercado —o el rival— te obligue a hacerlo desde la derrota.

El resultado, en el fútbol y en los negocios, siempre importa. Pero el resultado es consecuencia de cómo se juega el partido. Y cómo se juega el partido depende de cuánto convicción, cuánta humildad y cuánta audacia hay en el vestuario.

Escuchá el episodio completo Propósito, humildad y audacia: el desafío del que ya ganó todo por Olivia Play.

 

Por Ezequiel Kieczkier, socio fundador y CEO de Olivia.

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