Cinco tensiones clave para sostener la competitividad en Argentina

La cultura organizacional es el principal motor de competitividad empresarial, por encima de factores estructurales o tecnológicos.

Escrito por
Ezequiel Kieczkier
Ezequiel Kieczkier

CEO y socio fundador. Co Autor de Crisis & Co.

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La consultora destaca que las organizaciones están recibiendo una fuerza laboral más diversa, con expectativas de flexibilidad, propósito e inmediatez que desafían los modelos operativos tradicionales.

Este fenómeno renovado contrasta con el enfoque clásico de jerarquías rígidas y procesos inamovibles, y plantea una pregunta crítica para los equipos directivos: ¿qué tanto debe adaptarse la empresa a las personas y no al revés?

El informe de Olivia identifica cinco tensiones culturales que marcarán la agenda de transformación en 2026: integrar diversidad sin perder agilidad; equilibrar la adaptación organizacional con responsabilidad individual; redefinir la relación entre la empresa y el nuevo talento; aplicar la diversidad de manera estratégica -no ideológica-; y reconocer que ninguna transformación será sostenible sin abordar el sustrato cultural que guía las decisiones cotidianas.

Estos desafíos se alinean con tendencias globales: según el 2026 Global Workplace Culture Report de SHRM, la cultura organizacional influye directamente en la retención de talento, la satisfacción del cliente y el desempeño a largo plazo, y se manifiesta en ocho tipos distintos de culturas que coexisten en las organizaciones modernas. Además, investigaciones recientes revelan que el 83% de los empleados atribuye su permanencia en una empresa principalmente a la cultura y las personas con las que trabaja.

Para Olivia, la verdadera respuesta a estos desafíos no está en modas de gestión ni en declaraciones aspiracionales, sino en decisiones concretas y prácticas diarias que hagan visible la cultura en la operación. Esto implica tres acciones clave:

  • Diseñar la cultura como un sistema observable: medir comportamientos, no solo valores declarados, para hacer visible cómo se vive el día a día en la organización.
  • Distinguir cuándo la diversidad potencia la innovación y cuándo puede ralentizar la ejecución: no toda diversidad es automáticamente beneficiosa si no se integra de manera estratégica.
  • Formar líderes capaces de sostener tensiones y priorizar criterio humano sin perder visión estratégica: un liderazgo que tome decisiones en la ambigüedad será clave para navegar la complejidad cultural.

“En 2026, más que nunca, la cultura no será un atributo deseable: será el principal diferenciador competitivo. Las organizaciones que entiendan este momento no verán estos cambios como amenazas, sino como una hoja de ruta para evolucionar. Las que no lo hagan seguirán invirtiendo en tecnología y procesos y se preguntarán por qué, a pesar de todo, los resultados no llegan”, afirmó Ezequiel Kieczkier.

 

 

Por Ezequiel Kieczkier, socio fundador y CEO de Olivia.

 

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